CUENTOS TRADICIONALES
Blancanieves y los siete enanitos
Su madrastra, la reina, estaba celosa, pues no podía soportar que Blanca Nieves fuera más guapa que ella. Así que un día, la reina mandó a un leñador que cogiera a la joven princesa para llevársela al bosque y matarla.
Sin embargo, el leñador que era un hombre bueno en el fondo, la dejó escapar y le dijo: “Blanca Nieves, busca un escondite en el bosque y no salgas de allí“.
Blanca Nieves, llegó sin casi fuerzas al interior del bosque dónde encontró una pequeña casa con camas muy pequeñas y como no había nadie se quedó allí para dormir. Allí, los siete enanitos encantaron a la joven princesa durmiéndola profundamente.
La madrastra que en realidad era una bruja, supo que Blanca Nieves se encontraba en la casa de los siete enanitos, así que se disfrazó de una viejita y le fue a entregar una manzana roja, la cual estaba envenenada.
Los siete enanitos fueron en busca de la bruja para acabar con ella, pero una vez la bruja había muerto, se encontraron con Blanca Nieves tirada en el bosque, pues había tomado un bocado de manzana envenenada.
Sólo cuando un príncipe le diera un beso a Blanca Nieves, conseguiría despertar. Y así fue, un día un joven príncipe la besó, y vivieron felices para siempre.
Caperucita roja
Cierto día, su madre le pidió que llevara unos pasteles a su abuela que estaba enferma.
La niña se encaminó hacia la casa de su abuela, que vivía en un pueblo vecino. Para llegar a casa de la abuela, Caperucita debía atravesar un bosque, donde encontró a un lobo que estaba en el camino. El lobo le preguntó dónde iba y la niña en su inocencia le contestó.
El lobo, continuó su interrogatorio:
- ¿Vive muy lejos tu abuelita?
- Sí, pasando el bosque, en la primera casita del pueblo.
- Te apuesto a que puedo llegar primero. Iré por este camino y tú por aquel.- dijo el lobo y partió corriendo por el camino más corto.
La pequeña fue por el camino más largo, que el lobo le había indicado. Se entretuvo en cortar vallas y flores.
El lobo llegó primero y tocó a la puerta de la casa de la abuela. Como estaba enferma, la abuela preguntó desde la cama, quién era. El lobo fingió ser Caperucita y logró entrar. Cuando estuvo dentro, se lanzó sobre la pobre abuela y se la devoró, pues estaba hambriento. Cuando terminó, se metió en la cama, disfrazado de abuela y esperó a que llegara Caperucita.
Cuando Caperucita llegó, el lobo dio las mismas indicaciones a la niña, que la abuela le había dado antes a él, para que entrara. Al entrar la pequeña, el lobo dijo:
- Deja los pasteles sobre la mesa y ven a acostarte conmigo.
Caperucita Roja obedeció y se fue a acostar con la abuela, pero al verla notó algo extraño:
- Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!
- Es para abrazarte mejor, hija mía.
-Abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!
- Es para oírte mejor, hija mía.
- Abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!
- Es para verte mejor, hija mía.
- Abuela, ¡qué dientes tan grandes tienes!
- ¡Para comerte mejor!
Y diciendo esto, el lobo se lanzó sobre Caperucita Roja y se la comió de un bocado
Cenicienta
Había una vez una bella joven que, después de quedarse huérfana de padre y madre, tuvo que vivir con su madrastra y las dos hijas que tenía esta.
Las tres mujeres eran tan malas y tan egoístas que se quedaban cada día más feas.
La bella joven era explotada por ellas. Era ella quien hacía todo el trabajo más duro de la casa. Además de cocinar, fregar, etc, ella también tenía que cortar leña y encender la chimenea.
Así sus vestidos estaban siempre manchados de ceniza, por lo que todos la llamaban Cenicienta.
Un día se oía por todas partes de la ciudad que el príncipe de aquel país había regresado. El rey, muy contento, iba a dar una gran fiesta a la que iba a invitar a todas las jóvenes del reino, con la esperanza de que el príncipe encontrara en una de ellas, la esposa que deseaba.
En la casa de Cenicienta, sus hermanastras empezaban a prepararse para la gran fiesta. Y decían a Cenicienta:
- "Tú, no irás. Te quedarás limpiando la casa y preparando la cena para cuando volvamos"-.
El día del baile había llegado. Cenicienta vio partir a sus hermanastras al Palacio Real y se puso a llorar porque se sentía muy triste y sola. Pero, de pronto, se le apareció un Hada que le dijo:
- "Querida niña, sécate tus lágrimas porque tú también irás al baile"-.
Y le dijo Cenicienta:
- "¿Pero cómo si no tengo vestido ni zapatos, ni carruaje para llevarme?"
-Y el hada, con su varita mágica, transformó una calabaza en carruaje, unos ratoncillos en preciosos caballos, y a Cenicienta en una maravillosa joven que mas se parecía a una princesa. Y le avisó:
- Tu irás al baile, pero con una condición: cuando el reloj del Palacio dé las doce campanadas, tendrás que volver enseguida porque el hechizo se acabará-.
Hermosa y feliz, Cenicienta llegó al Palacio. Y cuando entró al salón de baile, todos pararon para mirarla. El príncipe se quedó enamorado de su belleza y bailó con ella toda la noche.
Pero, al cabo de algunas horas, el reloj del Palacio empezó a sonar y Cenicienta se despidió del príncipe, cruzó el salón, bajó la escalinata y entró en el carruaje en dirección a su casa.
Con las prisas, ella perdió uno de sus zapatos de cristal que el príncipe recogió sin nada entender.
Al día siguiente, el príncipe ordenó a los guardias que encontrara la señorita que pudiera calzar el zapato. Los guardias recorrieron todo el reino.
Todas las doncellas probaron el zapato pero a nadie le sirvió.Al fin llegaron a la casa de Cenicienta. Y cuando esta se lo puso todos vieron que le estaba perfecto.
Y fue así que Cenicienta volvió a encontrarse con el príncipe, se casaron, y vivieron muy felices.
La Bella Durmiente
Los reyes estaban felices con el nacimiento de su princesita. Era una linda niña y ofrecieron una cena de gala, olvidando por error invitar a la malvada Hada de las Colinas, quien juró vengarse de tan grave ofensa.
La misma Hada llegó al palacio y lanzó su conjura: "Cuando la princesa cumpla quince años, dormirá para siempre, herida por la aguja de un telar". Aterrados por esa maldición, el rey ordenó destruir todas las agujas del reino y contrató servidores que se encargarían de cuidar celosamente a la bellaniña. "
Pasaron quince años y en el reino habían olvidado la terrible maldición. Sin embargo, la princesita se alejó de sus guardianes y llegó hasta un recinto del castillo que jamás había visitado. Le llamó la atención el viejo telar que tejía sin que nadie lo estuviese operando, se acercó y cuando trató de tomar una madeja, la punta aguzada de la aguja cayó pesadamente sobre una de sus manitas, produciéndole la mortal herida que iba a ocasionarle la muerte. Su grito de dolor alertó a todos.
Los reyes, centinelas y las nodrizas corrieron a su encuentro, pero era tarde: la niña se transformó en una Bella Durmiente, la más hermosa del mundo, aunque sus padres estaban muy tristes y acongojados. Llamaron al Hada buena y les dijo que su hija no había muerto, pero que dormiría por cien años. Dicho esto la maldición se extendió al castillo y sus habitantes quedaron sumidos en el más siniestro sueño, cerrando sus puertas al mundo viviente.
Pasaron muchos años y la leyenda de la Bella Durmiente se extendió a otros reinos, aunque nadie había logrado ingresar en el castillo embrujado.
Sin embargo, fue un joven y valiente príncipe de Holanda quien se propuso vencer la maldición del castillo encantado y poder comprobar la presencia de una reina durmiente.
Al tratar de ingresar al castillo, guardias fantasmas y enredaderas embrujadas le salieron al paso para cortar sus intentos; pero el príncipe logró vencerlos luego de un violento enfrentamiento.
Descendió de su caballo e ingresó a un castillo que lucía fríamente desolado.
Su corazón latió aprisa cuando su vista se dirigió a una habitación iluminada. ¡Allí estaba la princesa! Era hermosísima y estaba durmiendo. Sin poder contenerse se acercó hasta su lecho y besó tiernamente sus mejillas. El castillo se iluminó y el príncipe sonrió feliz, pues despertar la princesa, todos en el castillo volvían a la vida.
La Bella Durmiente miró a los ojos de su héroe y entendió que lo amaba. Se tomaron de las manos y el rey concedió su permiso nupcial al pedido del príncipe. Viajaron a otro país fueron muy felices. La pesadilla había terminado.
Pinocho
Erase una vez en una vieja carpintería, Geppetto, un señor amable y simpático, terminaba más un día de trabajo dando los últimos retoques de pintura a un muñeco de madera que había construído este día. Al mirarlo, pensó: ¡qué bonito me ha quedado! Y como el muñeco había sido hecho de madera de pino, Geppetto decidió llamarlo Pinocho.
Aquella noche, Geppeto se fue a dormir deseando que su muñeco fuese un niño de verdad. Siempre había deseado tener un hijo. Y al encontrarse profundamente dormido, llegó un hada buena y viendo a Pinocho tan bonito, quiso premiar al buen carpintero, dando, con su varita mágica, vida al muñeco.
Al día siguiente, cuando se despertó, Geppetto no daba crédito a sus ojos. Pinocho se movía, caminaba, se reía y hablaba como un niño de verdad, para alegría del viejo carpintero. Feliz y muy satisfecho, Geppeto mandó a Pinocho a la escuela. Quería que fuese un niño muy listo y que aprendiera muchas cosas. Le acompañó su amigo Pepito Grillo, el consejero que le había dado el hada buena.
Pero, en el camino del colegio, Pinocho se hizo amigo de dos niños muy malos, siguiendo sus travesuras, e ignorando los consejos del grillito. En lugar de ir a la escuela, Pinocho decidió seguir a sus nuevos amigos, buscando aventuras no muy buenas. Al ver esta situación, el hada buena le puso un hechizo.
Por no ir a la escuela, le puso dos orejas de burro, y por portarse mal, cada vez que decía una mentira, se le crecía la nariz poniéndose colorada. Pinocho acabó reconociendo que no estaba siendo bueno, y arrepentido decidió buscar a Geppetto. Supo entonces que Geppeto, al salir en su busca por el mar, había sido tragado por una enorme ballena.
Pinocho, con la ayuda del grillito, se fue a la mar para rescatar al pobre viejecito. Cuando Pinocho estuvo frente a la ballena le pidió que le devolviese a su papá, pero la ballena abrió muy grande su boca y se lo tragó también a él.
Dentro de la tripa de la ballena, Geppetto y Pinocho se reencontraron. Y se pusieran a pensar cómo salir de allí. Y gracias a Pepito Grillo encontraron una salida. Hicieron una fogata. El fuego hizo estornudar a la enorme ballena, y la balsa salió volando con sus tres tripulantes. Todos se encontraban salvados.
Pinocho volvió a casa y al colegio, y a partir de ese día siempre se ha comportado bien. Y en recompensa de su bondad el hada buena lo convirtió en un niño de carne y hueso, y fueron muy felices por muchos y muchos años.
Los tres chanchitos
En el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran hermanos. El lobo siempre andaba persiguiéndoles para comérselos. Para escapar del lobo, los cerditos decidieron hacerse una casa. El pequeño la hizo de paja, para acabar antes y poder irse a jugar.
El mediano construyó una casita de madera. Al ver que su hermano pequeño había terminado ya, se dio prisa para irse a jugar con él.
El mayor trabajaba en su casa de ladrillo.
- Ya veréis lo que hace el lobo con vuestras casas- riñó a sus hermanos mientras éstos se lo pasaban en grande.
El lobo salió detrás del cerdito pequeño y él corrió hasta su casita de paja, pero el lobo sopló y sopló y la casita de paja derrumbó.
El lobo persiguió también al cerdito por el bosque, que corrió a refugiarse en casa de su hermano mediano. Pero el lobo sopló y sopló y la casita de madera derribó. Los dos cerditos salieron pitando de allí.
Casi sin aliento, con el lobo pegado a sus talones, llegaron a la casa del hermano mayor.
Los tres se metieron dentro y cerraron bien todas las puertas y ventanas. El lobo se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún sitio por el que entrar. Con una escalera larguísima trepó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua. El lobo comilón descendió por el interior de la chimenea, pero cayó sobre el agua hirviendo y se escaldó.
Escapó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque. Se cuenta que nunca jamás quiso comer cerdito.
APRECIACIÓN SOBRE LOS CUENTOS TRADICIONALES
Leer, escuchar y escribir son acciones que el niño necesita para desarrollar su capacidad literaria, lingüística y creativa. La narración de cuentos contribuye con la movilidad de sentimientos por parte de los niños, con la activación de la creatividad y la vivencia de experiencias.
Los cuentos, en general, son fundamentales para los niños. Les ayudan a crecer, a construir palabras , a relacionarse con sus pares, padres, con otros familiares... a disfrutar de las historias.
Es fundamental que el niño se acerque y conozca cuentos clásicos, que fueron transmitidos por muchos años, de generación en generación, hasta llegar a ser el relato que todos conocemos actualmente.
Los cuentos tradicionales no sólo ayudan al niño a crecer a nivel literario y lingüístico, sino que también, a través de sus metáforas, transmiten un lenguaje interior dejando una enseñanza e introduciendo al lector en mundo de imaginación, historias con conflictos, finales felices y mezclas entre realidad y fantasía.
Es fundamental que el niño se acerque y conozca cuentos clásicos, que fueron transmitidos por muchos años, de generación en generación, hasta llegar a ser el relato que todos conocemos actualmente.
Los cuentos tradicionales no sólo ayudan al niño a crecer a nivel literario y lingüístico, sino que también, a través de sus metáforas, transmiten un lenguaje interior dejando una enseñanza e introduciendo al lector en mundo de imaginación, historias con conflictos, finales felices y mezclas entre realidad y fantasía.






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